• Tristezas
  • Me dueles

    soledad2Me dueles cuando olvidas quién soy y de dónde vengo. Me dueles cuando me obligas a llevar tu mochila y, así, tener que portar dos, la tuya y la mía. Me dueles en tu hipocresía, en tu táctica de hacerte el tonto cuando conviene y de hacerte el fuerte cuando no. Me dueles en tus palabras, tan contradictorias, tan ligeras, tan poco convenientes de escuchar. Me dueles cuando olvidas tu pasado o, mejor aún, cuando aparentas olvidarlo. Me dueles cuando veo tu sonrisa satisfactoria pensando, probablemente, en que te creo, aun si mi locución es contraria a ella y mi gesto, tan frío, tan neutral, tan poco sensible, acompaña a mis palabras. Me dueles cuando tu voz suena diferente a tu mano, cuando ésta escribe y aquélla resuena.

    Pero lo que me atraviesa el corazón con un punzón todos los días, lo más doloroso de todo, es que no seas consciente de lo que me dueles.

  • hastio.com
  • Como decíamos ayer…

    tiempo¿Cuánto el tiempo es suficiente? ¿Cuánto debemos dejar pasar para que un período sea considerado como completo? Quizás nuestras vidas no sólo sean la suma de las partes y sólo en su totalidad seamos capaces de ver su verdadero sentido. Aun así, resulta mucho más cómodo trocearla, y más aún cuando uno escribe sobre su propia vida.

    Poco más de cuatro años han pasado ya desde el último post. He volado y he soñado –y con ganas de seguir haciéndolo. No así de claro me resulta la profunda renovación interna. No está claro porque la verdadera renovación se hubiera producido en el caso que nunca, en ningún caso, hubiera reabierto estas páginas. Pero son tantos años, que le tengo mucho cariño a este blog.

    Cuatro años en los que he ido sobreviviendo como he podido, en los que he seguido conociendo a gente, he seguido cayendo y levantándome, y sigo luchando contra mis fantasmas y mis adicciones. Seguramente llegaréis a leer algo de estos últimos años.

    Y, más que nada, tengo muchas ganas de seguir escribiendo. Me anima, me hace pensar, me motiva, me consuela y me desahoga. Y me hace pensar que sigo estando cuerdo, dentro de mi inmensa demencia.

  • Sumisiones
  • En ocasiones oigo voces…

    En ocasiones, algo por aquí dentro, en alguna parte, nos habla. Lo más fácil y lo más cómodo es ponerse a fregar los platos, o ver otro episodio de Game of Thrones o, incluso, abrir esos antiguos apuntes y recordar cuáles eran los argumentos de Telnet. También está la opción de jugar al Skyrim o de irse al bar a emborracharse, por no hablar de meterse en la cama e intentar dormir. Gracias a todo esto, esa pequeña vocecita parece finalmente silenciada. Y la vida y la muerte pueden proseguir su eterno y aburrido camino.

    Pero la frágil mordaza es precisamente eso: frágil. Y la vocecita no tarda en volver a decir algo. Lógico. Es ésa su función. Seguramente se me ocurrirán decenas de excusas para no escucharla, sobre todo porque las utilizo día tras día. Hasta que llega ese día en el que, probablemente después de alguna película de las que hacen pensar, desaparecen todas las excusas y no hay más remedio que escuchar. Escuchar lo que de algún lado, por aquí dentro, está gritando desde hace ya mucho tiempo. Y escuchar lo que tiene que decir no me hace sentir ni más feliz ni más infeliz. Entenderlo y estar de acuerdo, tampoco. Quizás más tranquilo, aunque con otra astilla clavada justo al lado de donde están las demás.

    Tranquilo porque, aunque la intención fuera la de acallar las voces, el sonido no es el único sentido a través del cual nos hablan.

  • Sumisiones
  • De almas atormentadas

    PersianaCamino por casa, por mi pequeño refugio erigido accidentalmente debido a las circunstancias. Paseo de una habitación a otra, a oscuras, descalzo. Mis ojos se acercan a las pequeñas rendijas entre madera y madera de las antiguas persianas. Miro a la calle. Salvo algún solitario coche, no hay movimiento fuera. Tampoco hay luces en las ventanas de los vecinos. Parece que, salvo ese coche solitario, sea el único que se encuentra despierto, paseando entre el silencio que supone escuchar los propios pasos.

    Parece que sea el único que se está dando cuenta ahora mismo de lo que sucede allí fuera. Parece que soy el único que es consciente del silencio, y de la noche. Parece que sea la única persona en estar despierta.

    Y me muevo a otra habitación. Cojo una de las colillas del cenicero y la enciendo, vigilando no prenderme también la nariz. Pienso en mis palabras, en que mis palabras quizás fueran exageradas.

    Finalmente, caminando a oscuras por la casa, descalzo, pensando en allí fuera y en aquí dentro, me doy cuenta de que probablemente mis palabras fueran las adecuadas, exactamente las que pretendía hacer entender. Si no fuera así, no acercaría de nuevo mis ojos a mirar por la ventana. Si no fuera así, no estaría caminando descalzo y a oscuras.

  • Tristezas
  • De sensibilidades

    Van GoghNo sé si soy más o menos sensible que el resto del mundo. Nunca lo sabré. No sé si a lo largo de la vida estos mis sentimientos, mis sensaciones, se han sucedido en alguna otra ocasión. No sé si siento de forma diferente, o si son normales las cosas que me afectan y el modo que tienen de hacerlo. No sé nada de eso. Sólo puedo afirmar que a mi alrededor y en mi interior se mueven muchas cosas que me afligen considerablemente. También soy capaz de explicar sus porqués. Nunca sobre su intensidad.

    No le pido cosas buenas a la vida. Hace meses que dejé de hacerlo. Lo que sí le pido a la vida es que deje de darme cosas malas. Pero soy muy consciente de que todas esas cosas malas son sólo una percepción subjetiva de lo que yo mismo soy, de mis propias sensaciones y sentimientos. Seguramente otras personas, bajo la misma carga perceptiva que sufro últimamente, en ningún momento llegarían a sentir exactamente lo mismo que yo. Pero me gustaría que lo entendieran. Intento evitarlo pero, en demasiadas ocasiones, siento con demasiada intensidad.

    Le doy demasiada importancia a las sensaciones. Y me ilusiono con los reflejos del espejo, hasta darme cuenta de que no dejan de ser una mentira, una imagen intensa, pero errónea, de lo que deseo. Sigo sin tener demasiado claro si prefiero ilusionarme con esa mentira o deprimirme con su verdad.

    Ésta ha sido una semana muy mala. Una semana cargada de responsabilidades que no deseaba, malos entendidos sin sentido, acusaciones absurdas y dolorosas, malas noticias referente a la salud de seres queridos… … y desearía tanto en estos momentos dejar de sentir, dejar de tener sentimientos y sensaciones… Aunque, en ese caso, también me perdería muchas cosas. Y, sin mis sentimientos y sensaciones, sería incapaz de entenderlas.